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El Boswellia sacra, o Árbol del incienso, es un árbol de follaje caduco que alcanza una altura de 2 a 4 metros, con uno o varios troncos, y pertenece a la familia de las Burseráceas. Soporta muy bien los largos periodos de sequía y es originario de Yemen y Somalia.
La corteza es de un color parduzco a grisáceo, con una textura rugosa y agrietada. Presenta estrías longitudinales y puede desprenderse en placas. Esta corteza no solo es característica del árbol, sino que desempeña un papel crucial en la producción del incienso, una resina aromática muy preciada.
Sus hojas son compuestas, alternas y de forma elíptica a lanceolada. Miden entre 10 y 30 cm de largo. Son de un verde brillante en el haz y ligeramente más claras en el envés, con un aspecto lustroso. Los bordes de las hojas son dentados y su textura es algo coriácea.
Sus pequeñas flores se agrupan en racimos axilares. Son de color blanco o crema, con matices rosados, y poseen cinco pétalos delicados. Las flores aparecen en primavera y atraen a diversos insectos polinizadores. Su perfume es sutil pero agradable.
Los frutos son cápsulas alargadas de aproximadamente 1 a 3 cm de largo. Contienen varias semillas y se vuelven marrones al madurar, generalmente a finales del verano.
Las semillas del Boswellia sacra son de color amarillo, con una textura rugosa y forma angulosa.
Necesita un sustrato bien drenante. Una mezcla de mantillo ligero, arena y grava es ideal para favorecer el drenaje y permitir que las raíces se anclen correctamente.
Este árbol ama la luz intensa y requiere una exposición a pleno sol para prosperar. Debe recibir al menos de 6 a 8 horas de luz directa al día.
Prefiere temperaturas elevadas entre 25 y 35 °C. No es rústico, es sensible a las heladas y debe protegerse de temperaturas inferiores a los 5 °C. En invierno, es aconsejable mantenerlo en un lugar cálido.
El aporte de agua debe ser moderado. Es importante dejar que el suelo se seque entre riegos para evitar la pudrición de las raíces. En periodo de crecimiento, un riego cada 10-14 días es suficiente; en invierno, puede reducirse a una vez al mes.
Plagas: Insectos como los escolítidos pueden atacar la madera, y algunas larvas de escarabajos excavan galerías en el tronco, debilitando el árbol.
Enfermedades: Es sensible a infecciones fúngicas como la pudrición de raíces si el suelo está mal drenado. También puede sufrir enfermedades bacterianas que amarillean el follaje.
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