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Aloe vera, o Aloe barbadensis, es una planta suculenta vivaz de la familia de las Aloeáceas. Su origen es probablemente egipcio o griego. Mide aproximadamente 50 centímetros de altura en su edad adulta y su crecimiento es relativamente lento.
Sus flores amarillas sin olor florecen durante el periodo invernal; la vara floral alcanza los 80 cm de altura.
Las semillas de Aloe vera son ligeras, planas y de forma mayoritariamente triangular, con una longitud media de 3 a 4 milímetros. Son de color negro y se encuentran dentro de largas vainas marrones.
Sus hojas son lisas, de color verde con motas blancas, y gruesas, ya que contienen un gel que sirve como reserva de agua durante los periodos de sequía.
Usos y tradición:
El gel translúcido contenido en sus hojas carnosas se utiliza tradicionalmente por sus virtudes hidratantes y calmantes para la epidermis. En cosmética casera, es muy apreciado como base para el cuidado natural de la piel.
Seguridad y precauciones:
Aunque el Aloe Vera es comestible bajo ciertas condiciones, la parte externa de la hoja contiene aloína, una sustancia fuertemente laxante. Recomendamos informarse bien sobre los métodos de extracción antes de cualquier ingestión. Las semillas están destinadas a la producción de plantas ornamentales y de colección.
Nota: La información sobre las propiedades de la planta se ofrece a título informativo y no sustituye en ningún caso el asesoramiento médico.
Sabila preferible utilizar una tierra muy drenante a base de arena fina y mantillo bien tamizado.
El Aloe barbadensis necesita mucha luz brillante pero sin sol directo. Si recibe demasiado sol, sus hojas se volverán rojas; por el contrario, las hojas se debilitarán y estirarán (etiolación) ante la falta de luz.
La temperatura ideal para cultivarlo eficazmente es de 27°C. Es importante recordar meter la planta en el interior durante el invierno, ya que esta planta es sensible a las heladas.
Necesita agua solo cuando el suelo está muy seco o cuando las hojas se vuelven delgadas. En general, un riego semestral es suficiente. En invierno, no se debe regar.
Las mejores formas de multiplicarla son la siembra y la división de los hijuelos. Lamentablemente, no se reproduce por esquejes, ni de raíz ni de hoja.
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