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El Jiaogulan, llamado también hierba de la inmortalidad o Gynostemma pentaphyllum en latín, es una herbácea vivaz y rústica de la familia de las Cucurbitáceas. Esta especie rastrera de crecimiento muy rápido puede crecer varios metros al año. Es originaria de Asia y se utiliza ampliamente en Japón y China.
Las semillas de jiaogulan son marrones, con forma de pequeño corazón y miden de media 2 milímetros de diámetro.
Las flores son pequeñas y poco llamativas, a menudo de color blanco a verdoso. Aparecen en racimos a partir de agosto y suelen ser muy discretas, midiendo solo 5 milímetros de diámetro.
Sus frutos son pequeñas bayas que se forman tras la polinización. Generalmente son de color verde y se vuelven negras al madurar, conteniendo las semillas en su interior.
Las hojas son compuestas, de cinco a siete folíolos, y tienen forma palmada. Los folíolos son ovalados, puntiagudos y de un color verde brillante. El follaje es muy denso y se aprecia por su sabor ligeramente amargo y dulce a la vez.
Originario de las regiones montañosas de Asia, el Jiaogulan es una planta célebre por su vigor y resiliencia. Apodado "hierba de la inmortalidad" en las tradiciones locales, ocupa un lugar destacado en la etnobotánica asiática. Esta planta es especialmente apreciada por los coleccionistas por su elegante follaje y su capacidad para adaptarse a diversos entornos, reflejando su carácter de planta llamada adaptógena.
Una infusión con raíces históricas:
Tradicionalmente, son las hojas, frescas o secas, las que se utilizan para preparar bebidas con sutiles notas vegetales. En Japón, su sabor naturalmente dulce le ha valido el nombre de Amachazuru. Aunque su composición molecular presenta similitudes con la del ginseng (especialmente la presencia de gipenósidos), el Jiaogulan se distingue por un sabor más ligero, ideal para el consumo en forma de infusión botánica.
A pesar de su popularidad histórica, el Jiaogulan contiene principios activos potentes que pueden interactuar con ciertos metabolismos o tratamientos. Su consumo no debe sustituir en ningún caso el asesoramiento médico profesional. Como medida de precaución, se desaconseja a mujeres embarazadas, lactantes y niños pequeños.
Crece en un suelo bien aireado, fértil y rico en materia orgánica, preferiblemente con un pH entre 6 y 7. La base de la planta (el "pie") debe mantenerse fresca.
El Gynostemma pentaphyllum prefiere una exposición soleada o ligeramente sombreada. Si es posible, la base de la planta debería estar a la sombra (bajo la protección de otros vegetales).
El "té de los centenarios" aprecia las temperaturas suaves entre 20 °C y 30 °C. Puede tolerar temperaturas más frescas, pero el crecimiento se verá afectado. Sin embargo, el sistema radicular resiste muy bien las temperaturas negativas, pudiendo soportar hasta -10 °C.
Esta variedad excepcional requiere un riego regular, especialmente durante los periodos secos. El suelo debe mantenerse húmedo, pero no encharcado. Es preferible regar cuando la capa superior del suelo comience a secarse.
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