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La macadamia, conocida también como nuez de Queensland o Macadamia integrifolia, es un gran árbol tropical de la familia de las Proteáceas. Es originario de Australia y puede alcanzar hasta 15 metros de altura. Actualmente se cultiva en todas las regiones tropicales del mundo. Su crecimiento es rápido durante los primeros cinco años y luego se ralentiza.
Su follaje persistente es denso y brillante, compuesto por hojas coriáceas de color verde oscuro que miden entre 8 y 25 cm.
La floración es un espectáculo impresionante: pequeñas flores de color blanco a crema aparecen en racimos entre finales de primavera y verano, desprendiendo un perfume dulce que atrae a las abejas.
Sus frutos son auténticos tesoros naturales: nueces de cáscara dura protegidas por una envoltura verde que se abre al madurar.
Las semillas de macadamia son redondas, lisas y de color marrón claro, con una cáscara extremadamente robusta.
Culinario: Con un sabor rico y mantecoso, la almendra blanca es un ingrediente de lujo. Se utiliza en postres como galletas, pasteles y helados, pero también aporta una textura crujiente a ensaladas y platos de pasta.
Cosmética: El aceite de macadamia es muy popular por sus propiedades hidratantes y nutritivas. Penetra fácilmente en la piel, mejorando su elasticidad y protegiéndola contra la deshidratación. Sus propiedades antiinflamatorias son ideales para calmar pieles sensibles.
No utilizar por sus propiedades medicinales sin consultar à un médico.
Este árbol australiano necesita un suelo bien drenado, ligero y rico en materia orgánica, con un pH ligeramente ácido a neutro. Es fundamental evitar los suelos compactos y arcillosos que retienen el agua.
Le encanta el pleno sol y requiere al menos 6 a 8 horas de luz directa al día. Una buena exposición solar es esencial para la producción de nueces y el desarrollo general del árbol.
Al ser de origen tropical, es sensible a las heladas. Prospera en temperaturas de entre 20 y 30 °C. Por debajo de los 5 °C puede sufrir daños graves, por lo que debe protegerse en climas fríos.
Requiere un riego regular, especialmente en periodos secos. El suelo debe mantenerse húmedo, pero nunca encharcado, para evitar que las raíces se pudran.
Se puede reproducir por semillas o por esquejes (utilizando tallos semileñosos). El injerto es también un método común para mantener las características de las variedades productivas.
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