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El Kadam, haldina llamado también Neolamarckia cadamba o Anthocephalus chinensis en latín, es un gran árbol tropical de crecimiento rápido que mide más de 8 metros de altura y forma parte de la familia de las Rubiáceas. Se encuentra principalmente en Asia.
Sus hojas son de gran tamaño, midiendo entre 10 y 20 cm de largo. Son opuestas, de ovales a elípticas, con una textura lisa y brillante. El color es un verde intenso, a menudo más claro en el envés. Los bordes son ligeramente ondulados y los nervios están bien marcados, lo que les da una apariencia robusta.
Las flores se presentan en forma de pequeñas inflorescencias globulares, agrupadas en ramos. Aparecen generalmente en verano y son de color crema a amarillo pálido. Cada flor está compuesta por numerosos pétalos diminutos, lo que les confiere un aspecto delicado a pesar de su pequeño tamaño. El perfume sutil y agradable que emana de estas flores atrae a muchos polinizadores.
Sus frutos son bolas globulares que contienen cientos de semillas y miden aproximadamente de 5 a 8 cm de diámetro. Pasan de un tono verde a un color amarillento al madurar.
Las semillas de kadam son amarillas, de forma cilíndrica y minúsculas, midiendo solo 1 milímetro de diámetro.
Sus flores son una materia prima importante en la producción de perfumes de alta calidad. Se obtiene un tinte amarillo de la corteza de las raíces, lo que la convierte en una planta tintórea muy interesante. Debido a su ligereza y durabilidad, su madera se utiliza para la fabricación de contrachapado, pulpa de papel y para la construcción de piraguas. En medicina tradicional, el Kadamba sirve para tratar numerosas afecciones y, a día de hoy, varios medicamentos derivan de este árbol.
ATENCIÓN: No consumir sin el asesoramiento médico de un profesional de la salud.
A menudo cultivado por su madera preciosa y su uso en agroforestería, prefiere un sustrato bien drenado y fértil. Una mezcla de mantillo, compost y arena es ideal para favorecer una buena aireación de las raíces y permitir que la planta se desarrolle correctamente.
Esta especie requiere una exposición soleada para desarrollarse de manera óptima. Prospera en zonas donde pueda recibir al menos de 6 a 8 horas de luz directa al día.
El Anthocephalus se desarrolla bien bajo temperaturas cálidas, idealmente entre 20 y 30 °C. Puede tolerar temperaturas más bajas, pero una exposición prolongada a menos de 10 °C puede perjudicar su crecimiento. Es una planta sensible al frío que debe resguardarse en interior a partir de finales de octubre.
El riego debe ser regular pero moderado. Es esencial mantener el suelo ligeramente húmedo sin saturarlo de agua para no dañar el sistema radicular. Deje que el sustrato se seque un poco entre riegos, especialmente durante el periodo de crecimiento activo.
Este árbol tropical se reproduce principalmente por semillas, pero también puede reproducirse por vía asexual mediante esquejes o brotes de cepa, lo que le permite propagarse rápidamente en entornos propicios.
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