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La oreja de león, también llamada wild dagga o Leonotis leonorus en latín, es una vivaz de crecimiento rápido de la familia de las Lamiáceas.
Es una variedad muy bella que crece en la sabana de África. Mide 1,50 m de altura y su vida útil es generalmente de 4 a 5 años.
Sus hojas perennes se presentan en forma estrecha, lanceolada y miden de 5 a 12 centímetros. Muestran un tono verde oscuro en la cara superior con bordes claramente dentados que recuerdan a la mentha. Su disposición opuesta a lo largo de los tallos leñosos desprende un perfume aromático potente cuando se frotan ligeramente entre los dedos.
La floración se distingue por verticilos globulosos superpuestos a lo largo de altas varas florales erguidas hacia el cielo. Estas flores tubulares y aterciopeladas lucen un color naranja vibrante que evoca la textura y el tono del pelaje de un león. Producen un néctar abundante que atrae irresistiblemente a los polinizadores durante todo el verano y hasta finales del otoño.
Tras la caída de las corolas, los cálices persistentes se endurecen y se vuelven punzantes, protegiendo así el desarrollo de las semillas en su interior. Los frutos son aquenios agrupados al fondo de estas alvéolos secos que toman una apariencia de nidos de abeja geométricos.
Las semillas de oreja de león son marrones, anchas y aplanadas, midiendo 6 milímetros de longitud.
El Leonotis leonorus es apreciado por su silueta arquitectónica y sus floraciones espectaculares en pisos verticilados de un naranja vibrante. Esta planta aporta verticalidad a los macizos mediterráneos o a los jardines secos gracias a su gran resistencia a la sequía. Su aspecto exótico la convierte en una opción predilecta para el paisajismo contemporáneo.
Tradicionalmente utilizado por las poblaciones del sur de África, el "Canna del Cabo" posee virtudes medicinales para tratar inflamaciones y trastornos respiratorios. Sus hojas y flores a veces se fuman o se infusionan por sus propiedades calmantes y ligeramente eufóricas. Esta planta sagrada ocupa aún hoy un lugar central en la farmacopea ritual por sus efectos en el sistema nervioso.
No consumir por sus efectos psicoactivos o medicinales.
Cultivar únicamente por su bella floración y para la salvaguarda de la especie etnobotánica.
Prospera en un suelo ligero, pedregoso y perfectamente drenado para evitar la asfixia de las raíces. Soporta muy bien los terrenos pobres o calizos, típicos de los jardines de tipo mediterráneo.
Una exposición a pleno sol es indispensable para garantizar un crecimiento vigoroso y una floración radiante. El calor directo favorece también la producción de néctar y la intensidad del color naranja de las flores.
Originaria de Sudáfrica, aprecia los climas cálidos (25 - 35 °C) y solo tolera heladas breves hasta unos -3 grados. En regiones frías, el cultivo en maceta permite resguardarla durante el periodo invernal.
Sus necesidades de agua son moderadas, ya que posee una excelente tolerancia a la sequía una vez establecida. Un riego semanal basta durante el verano, mientras que debe detenerse casi por completo durante el reposo invernal.
La multiplicación se realiza fácilmente por semillas o por esquejes de tallos semileñosos a finales del verano. La división de matas al reiniciar la vegetación también es una técnica eficaz.
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