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El tabaco moruno, tabaco arbóreo, gandul o Nicotiana glauca es una planta exótica perenne de crecimiento rápido que pertenece a la familia de las Solanáceas.
Es una especie pionera y muy rústica originaria de México y del suroeste de los Estados Unidos.
Resiste muy bien la sequía, las heladas leves y crece hasta los 3700 m de altitud bajo un clima cálido y seco.
Sus hojas se reconocen fácilmente por su color original, una mezcla de verde y azul grisáceo que recuerda al color del eucalipto. Son lisas al tacto, bastante grandes y tienen forma de gota de agua alargada que apunta hacia el suelo. Su aspecto algo "graso" o ceroso les permite resistir muy bien el calor del sol sin resecarse.
Las flores parecen pequeñas trompetas de un amarillo intenso. Crecen en ramos al final de las ramas y cuelgan ligeramente, lo que les da un aspecto muy elegante, aunque no tienen un olor particular.
Una vez que las flores caen, dan paso a pequeñas bolas marrones que parecen cápsulas. Estas cápsulas terminan abriéndose solas para liberar cientos de semillas minúsculas.
Especialmente apreciado como planta ornamental, el tabaco azul es una especie rara.
Su aspecto exótico y muy gráfico gustará a los aficionados a los jardines naturalistas. Su gran tolerancia a la sequía también se presta para jardines mediterráneos y jardines secos.
Resiste condiciones áridas y crece en suelos pobres. Su silueta aérea aporta ligereza y grafismo a los macizos; además, es una planta melífera.
Al igual que otras especies de tabaco, el tabaco moruno contiene alcaloides naturales, entre ellos: nicotina y anabasina en mayor cantidad. Estas sustancias permiten que la planta se defienda naturalmente contra insectos y pulgones.
En ciertas regiones y comunidades de América del Sur, el tabaco moruno se ha utilizado de manera tradicional.
Los usos etnobotánicos se realizaban a partir de la preparación de las hojas durante ceremonias chamánicas.
No consumir.
Cultivar únicamente por la belleza de su follaje, de sus flores y como planta de colección etnobotánica y chamánica.
La Nicotiana glauca se adapta perfectamente a tierras ingratas, pedregosas y con un drenaje óptimo, soportando tanto la caliza como la salinidad de las zonas costeras. Verdadero colonizador, se instala sin dificultad en taludes áridos o terrenos baldíos sin necesidad de abono ni humus adicional.
Requiere imperativamente una exposición a pleno sol. Esta necesidad de luz intensa es el motor principal de su floración amarilla en forma de tubos, que se renueva constantemente desde junio hasta los primeros fríos otoñales.
Aunque este arbusto es una fuerza de la naturaleza frente a la canícula, muestra sus límites en cuanto el termómetro baja de forma duradera de los -5°C. Para garantizar su regreso cada año, prefiera un rincón del jardín protegido de las corrientes de aire gélidas, lo que preservará la cepa para un rebrote vigoroso.
Una vez que ha hundido sus raíces profundamente, el tabaco arbóreo se convierte en un campeón de la sobriedad, capaz de prescindir totalmente de la intervención humana. Su única debilidad real reside en el agua que se estanca en la base, ya que un suelo encharcado durante la mala estación corre el riesgo de pudrir su sistema radicular.
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