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La fruta del dragón, también llamada pitaya pertenece a la familia de las cactáceas. Originaria de América Central, este frutal escamoso crece principalmente en América del Sur y se cultiva con frecuencia en México y el sudeste asiático. Puede alcanzar hasta 3 metros de altura y su crecimiento es rápido.
Las semillas de fruta del dragón procedentes del Hylocereus undatus (sin. Selenicereus undatus) son de color negro, brillantes y tienen forma de pequeña gota de agua. Miden 2 milímetros de longitud y pesan apenas unos centigramos.
Sus flores son enormes y magníficas: son blancas con el centro amarillo y se abren por la noche. Generalmente, son las polillas quienes polinizan sus flores.
Su fruto, la pitaya, tiene pulpa roja o blanca, pesa unos 350 gramos y mide unos diez centímetros; es comestible y posee una piel gruesa de color rojo con escamas. Generalmente, se requieren entre 5 y 6 años de cultivo antes de obtener la primera cosecha. Tiene la textura y el sabor del kiwai (mini kiwi), pero es mucho menos ácido.
Gastronomía exótica y frescura sensorial
La Pitaya es una fruta tropical de excepción, consumida principalmente por su pulpa refrescante y su textura crujiente sembrada de pequeñas semillas, que recuerda a la del kiwi.
Su sabor delicado y su bajo contenido de azúcar la convierten en una base ideal para batidos, ensaladas de frutas o sorbetes naturales especialmente refrescantes.
Estética única y colorante natural
Muy apreciada en la cocina gourmet, la fruta del dragón se distingue por su piel escamosa y sus variedades de pulpa blanca, rosa o roja intensa.
Más allá de su papel como decoración natural para cócteles, el pigmento de la variedad de pulpa roja (rica en betalaínas) se utiliza como colorante alimentario orgánico para teñir naturalmente pasteles y productos lácteos.
La pitahaya crece en una tierra bien drenada y rica en materia orgánica. Es muy importante drenar el fondo de la maceta, ya que no tolera en absoluto el agua estancada a nivel de sus raíces.
Necesita mucha luz intensa para desarrollarse bien. Es necesario buscarle una ubicación muy soleada donde pueda recibir al menos 9 horas de sol al día.
Este cactus trepador no es rústico; necesita calor constante tanto de día como de noche para crecer, florecer y fructificar adecuadamente. Por lo tanto, es imperativo meterlo en el interior a partir de octubre en climas templados. En climas muy suaves, un velo de hibernación podría ser suficiente.
Aunque sea una cactácea, esta planta ama el agua pero nunca estancada. En maceta, será indispensable un riego cada 2 días en verano. En invierno, un riego al mes suele ser satisfactorio.
El Hylocereus undatus tiene pocas plagas; a veces pueden aparecer algunas arañas rojas, pero es poco común. Sin embargo, hay que tener cuidado con la humedad ambiental durante el invierno, ya que podría sufrir necrosis en ciertas partes. No se recomienda invernar en un invernadero húmedo.
Este artículo fue redactado por Julien el 14/07/2026.
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