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La Calabaza gigante, Atlantic-Giant es una planta rastrera de la familia de las cucurbitáceas. Su fruto tiene la particularidad de alcanzar un tamaño totalmente fuera de lo común. Es la variedad más grande del mundo, con un récord de peso que supera los 770 kg. Su crecimiento es muy vigoroso y rápido; la planta mide entre 2 y 4 metros de longitud.
Se cultiva como todas las demás cucurbitáceas, con la excepción de que necesita una cantidad enorme de agua para poder volverse gigante. Se recomienda eliminar los demás frutos de la planta para conservar únicamente uno.
Su follaje es ancho, de color verde oscuro y muy recortado, con lóbulos profundamente estriados. Las hojas son rugosas al tacto, lo que les da un aspecto robusto. Las flores son grandes, de color amarillo vivo o anaranjado. Aparecen en verano, en grupos o solitarias, y desprenden un aroma agradable. Las flores macho tienen un pedicelo largo, mientras que las hembras portan pequeños frutos nacientes en su base. Su belleza y fragancia atraen a los polinizadores, esenciales para el crecimiento.
Las semillas de calabaza gigante son alargadas, de color crema y bastante grandes, pudiendo medir hasta 3 centímetros de longitud.
Es un ingrediente versátil en la cocina. Puede prepararse al horno, en sopa, en puré o incluso asada. Su pulpa suave y dulce la convierte en una opción perfecta para elaborar tartas, gratines o risottos.
En otoño, se convierte en un símbolo decorativo en hogares y jardines. Se utiliza a menudo para crear arreglos coloridos, ya sea tallando rostros para Halloween o disponiéndolas en composiciones naturales. Más allá de sus usos culinarios y decorativos, la calabaza es rica en vitaminas (especialmente vitamina A), antioxidantes y fibra. No utilizar por sus propiedades medicinales sin consultar à un médico.
Contribuye a fortalecer el sistema inmunitario, mejorar la digestión y preservar la salud de la piel.
Las calabazas gigantes prefieren un suelo rico, profundo y bien drenado. Un sustrato ligero, arenoso o limoso, enriquecido con compost o materia orgánica, favorece su desarrollo óptimo.
Requieren una exposición a pleno sol para un crecimiento vigoroso. Una ubicación que reciba al menos 6 horas de sol directo al día es ideal para favorecer la floración y la maduración de los frutos.
Las calabazas son sensibles a las temperaturas frías. La temperatura ideal se sitúa entre los 20 y 30 °C. Generalmente son rústicas en zonas donde no hay heladas, pero pueden cultivarse al aire libre en regiones templadas si no hay riesgo de heladas.
Un aporte de agua regular y profundo es esencial, especialmente en periodos de crecimiento activo y fructificación. A las calabazas les gusta el suelo constantemente húmedo pero no encharcado. Un acolchado (mulching) puede ayudar a conservar la humedad y reducir la evaporación.
La multiplicación se realiza principalmente por siembra directa en el suelo o en macetas bajo cubierta. La división de las plantas también es posible, aunque menos común.
Las principales plagas incluyen la blanca de la col (piéride), la araña roja y la mosca de la calabaza. Las enfermedades comunes son el mildiu y la fusariosis.
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