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El Alquequenje, también conocido como Linterna japonesa o Amor en jaula, es una planta vivaz asiática originaria de China y Japón. Pertenece al género Physalis y forma parte de la familia de las solanáceas. Es una variedad rústica con raíces rastreras que mide entre 60 y 80 cm de altura.
Las hojas son caducas, alternas y pecioladas. De forma ovalada, presentan bordes toscamente dentados. Son de un verde medio, de aspecto sencillo, y miden entre 5 y 10 centímetros de largo.
Sus flores, de 1 a 2 cm de diámetro, aparecen en la axila de las hojas al principio del verano. Son solitarias y colgantes. Su corola tiene forma de campana o estrella de cinco lóbulos, de color blanco crema o verdoso. Aunque son discretas, su cáliz es el que, tras la fecundación, sufrirá una transformación espectacular.
El fruto es una baya carnosa, esférica y lisa, del tamaño de una cereza pequeña. Está encerrada en una envoltura vesiculosa. Al madurar, esta envoltura se vuelve de un rojo anaranjado vivo y se asemeja a una linterna de papel. En otoño, el cáliz a veces se descompone dejando solo la red de nervaduras (esqueleto), permitiendo ver la baya en su interior; una verdadera maravilla de la naturaleza.
Las semillas de amor en jaula son numerosas y se encuentran dentro de la pulpa de la baya. Son pequeñas, planas, amarillas y de forma ovalada.
Es una planta imprescindible para el final de la temporada. Los cálices de un rojo anaranjado brillante ofrecen un contraste sorprendente con el follaje y aportan un gran valor visual a macizos y bordes.
Arreglos florales: Sus "linternas" secas se utilizan mucho en ramos secos y composiciones florales, ya que se conservan durante años.
Es extremadamente resistente, soportando heladas de hasta -20°C. Se desarrolla rápidamente gracias a sus rizomas.
Aunque el fruto perfectamente maduro es comestible, todas las demás partes de la planta son tóxicas. Por ello, se recomienda cultivarla principalmente como planta ornamental.
Es poco exigente y se adapta a casi todos los suelos, aunque prefiere tierras ligeras, frescas y calizas. Un suelo rico en humus favorecerá una fructificación más generosa.
Agradece una exposición a pleno sol o a media sombra. Una buena luminosidad es indispensable para que los cálices adquieran su característico tono naranja vivo.
Es una planta extremadamente rústica (-20°C). Las partes aéreas desaparecen con las primeras heladas, pero la raíz sobrevive sin protección y brota con vigor cada primavera.
Es importante mantener el suelo fresco, especialmente durante la floración y formación de frutos. Una vez establecida, tolera sequías pasajeras, pero la falta de agua prolongada reduce el tamaño de las linternas.
El método más rápido es la división de la mata o de los rizomas en otoño o principios de primavera. La siembra también es muy sencilla de realizar.
Sus principales enemigos son los pulgones y las babosas, que se sienten atraídas por los brotes jóvenes primaverales.
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