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La fruta milagrosa, también llamada baya magica o fruto milagroso, es una planta de la familia de las Sapotáceas. Es un árbol pequeño originario de Ghana, de crecimiento lento, que prospera en África Occidental. Hoy en día se cultiva en casi todo el mundo y en Asia. Generalmente mide entre 3 y 5 metros de altura en su etapa adulta. La baya milagrosa ha sido introducida recientemente en Europa, aunque su descubrimiento data de hace varios cientos de años. Sigue siendo poco común en la actualidad.
Sus hojas son ovales y de un verde oscuro, con una textura lisa y brillante. Están dispuestas de manera alterna a lo largo de los tallos, creando un follaje denso y atractivo.
Las flores del Synsepalum son pequeñas y discretas, agrupadas en inflorescencias. Se presentan en forma de racimos, con pétalos de color blanco a ligeramente crema. La floración es menos espectacular que la de muchas otras plantas, pero desprende un perfume muy agradable.
Cuando las flores se transforman en frutos, estos toman la forma de pequeñas bayas rojas, las cuales son comestibles y particularmente apreciadas por su capacidad para modificar la percepción del gusto debido a la presencia de la miraculina.
Las semillas de la fruta milagrosa provenientes del Synsepalum dulcificum son ovales, del tamaño de un hueso de aceituna, lisas y compuestas por dos tonos de marrón diferentes.
La baya milagrosa se cultiva por sus frutos comestibles con propiedades sorprendentes. Estos pequeños frutos llevan la denominación de fruta milagrosa. En efecto, la pulpa contiene miraculina, una proteína capaz de suprimir la sensación de acidez y amargura y de dar un poder endulzante a cualquier alimento. Es el único fruto en la tierra capaz de neutralizar la acidez. Una vez en la boca, la pulpa del fruto recubre las papilas gustativas de la lengua, lo que neutraliza la acidez o la amargura del alimento. Se tiene la impresión de que los alimentos son mucho más suaves y dulces. Esta sensación de alimento dulce en la boca dura entre media hora y dos horas.
Es una excelente alternativa para reemplazar el azúcar, especialmente para personas que sufren de diabetes o personas preocupadas por reducir su consumo de azúcar, pero también para ayudar en la toma de medicamentos cuando estos tienen un sabor demasiado ácido o amargo. Finalmente, ayuda a las personas cuyo gusto está alterado; la fruta milagrosa permite saborear alimentos que normalmente no les resultan agradables. La baya milagrosa contiene propiedades antioxidantes beneficiosas para nuestra salud.
No utilizar por sus propiedades medicinales sin consultar à un médico.
Este arbusto prefiere un sustrato rico en humus y bien drenante. Una mezcla de mantillo, turba y perlita será perfectamente adecuada.
Esta planta tan original agradece una exposición bien soleada, pero también puede tolerar una luz indirecta. Un lugar ideal sería cerca de una ventana orientada al sur o al oeste, donde pueda recibir luz intensa sin estar expuesta a rayos directos demasiado fuertes.
Es un arbusto friolero que prefiere temperaturas cálidas, generalmente comprendidas entre 20 y 30 °C. Es sensible al frío y no debe exponerse a temperaturas inferiores a 10 °C. En invierno, es preferible mantener una temperatura ambiente constante y evitar las corrientes de aire frío.
El riego debe ser moderado. Es importante dejar que el sustrato se seque ligeramente entre dos riegos para evitar el exceso de humedad. En general, un riego cada 1 o 2 semanas es suficiente, pero esto puede variar según las condiciones ambientales. En periodos de crecimiento activo, puede ser necesario un riego más frecuente, mientras que en invierno las necesidades de agua disminuyen.
La multiplicación del Synsepalum puede hacerse principalmente por semilla o por esquejes, tomando trozos de tallos semileñosos. Estos esquejes deben tratarse con una hormona de enraizamiento y plantarse en un sustrato ácido. También requieren un ambiente cálido y húmedo para favorecer el enraizamiento.
Esta planta es particularmente sensible a una serie de plagas que pueden comprometer seriamente su salud. Entre las más temibles, las cochinillas se distinguen por su capacidad para instalarse en los tallos y las hojas, donde se alimentan de la savia. Su presencia no solo puede debilitar la planta, sino también favorecer la aparición de negrilla (fumagina), un hongo negro que recubre las partes infectadas, perjudicando la fotosíntesis. Los pulgones, por su parte, son pequeños insectos chupadores de savia que provocan el amarillamiento de las hojas y la deformación de los nuevos brotes, restando vigor y atractivo a la planta. Finalmente, los ácaros, en particular la araña roja, atacan las células de la planta, provocando un marchitamiento progresivo de las hojas.
Se recomienda un aporte de fertilizante a los 6 meses de haber realizado la plantación. Un acolchado (mulching) puede ser necesario para limitar la frecuencia de riego.
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