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El Arce del Japón, también llamado momiji, es un árbol que forma parte de la familia de las Aceráceas. Es una variedad asiática que se caracteriza por su porte extendido y una altura que puede oscilar entre los 3 y 8 metros. Su crecimiento es lento, pero posee una larga esperanza de vida que puede alcanzar varias décadas.
Florece en primavera, de abril a mayo, produciendo flores de color rojizo a púrpura que no desprenden ningún olor particular.
Las semillas de arce japonés provienen del Acer palmatum atropurpureum; miden 5 milímetros de longitud, son de forma ovalada con una textura lisa y ligeramente brillante. Estos pequeños "helicópteros" tienen un color marrón oscuro o claro y se recolectan a partir del mes de octubre.
Sus frutos son sámaras que miden 2 centímetros de longitud media, de color marrón oscuro, también llamadas semillas helicóptero porque vuelan fácilmente con el viento girando sobre sí mismas para poder reproducirse en zonas más lejanas.
Este árbol posee un follaje rojo vivo, finamente recortado y de tamaño pequeño, que comienza a brotar a principios de la primavera. Sus hojas caen a partir de noviembre formando un hermoso tapiz vegetal.
Una joya del paisajismo zen
El Arce japonés es una especie ornamental prestigiosa, celebrada por su porte elegante y su follaje cambiante que realza los jardines de inspiración nipona.
Verdadera pieza central de los espacios verdes contemporáneos, este árbol caducifolio ofrece un espectáculo cromático flamígero, evolucionando del verde tierno al rojo púrpura a lo largo de las estaciones.
Cultivo en maceta y terrazas
Gracias a su sistema radicular poco invasivo y su silueta gráfica, el Acer palmatum atropurpureum es el candidato ideal para el cultivo en macetones en balcones o patios sombreados.
Esta planta de tierra de brezo requiere un sustrato drenante y ácido para prosperar de forma duradera, ofreciendo así una solución estética de alta gama para espacios urbanos restringidos.
Maestro del arte del bonsái
El arce japonés constituye una especie emblemática de la disciplina del bonsái, apreciada por la finura de sus ramas y la delicadeza de sus hojas recortadas.
Su gran tolerancia a la poda estructural permite a los apasionados modelar ejemplares en miniatura espectaculares, perpetuando así un art milenario que une paciencia y maestría hortícola.
Debe plantarse imperativamente en un sustrato bien aireado y con pH ácido; lo ideal es el uso de tierra de brezo.
Crece en ambientes soleados o a media sombra.
Es un árbol muy rústico, resiste fácilmente inviernos rigurosos con temperaturas de hasta -15 °C.
Necesita riego regular si se cultiva en maceta (2 veces por semana). En tierra, regar bien al plantar y durante olas de calor para evitar que las puntas de las hojas se sequen.
El mejor método es la siembra, aunque también es posible realizar esquejes por el método de "calor sofocado" (a l'étouffée) al final del verano.
Puede ser atacado por cochinillas o pulgones en interior. En exterior, es propenso al oídio (hongos que blanquean el follaje).
Podar regularmente de octubre a finales de diciembre para mantener su forma. Elimine las ramas muertas por encima de una yema sana. Para fortalecer plantas frágiles, se recomienda acolchar la base con corteza de pino.
Este artículo fue redactado por Julien el 09/07/2026.
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